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GUIDE

Cómo escribir más rápido en el teclado

Ganar velocidad sin perder precisión: la fila de reposo española, las tildes, los estancamientos y lo que puntúa de verdad en una oposición.

By the Typetera team · Updated

La velocidad sale de la precisión, y no al revés

Casi todo el mundo empieza por donde no debe: intenta mover los dedos más deprisa y acepta que se le escapen erratas. El problema es que corregir cuesta más que escribir. Cada error que detectas te obliga a parar, retroceder, borrar y volver a teclear, y ese ciclo consume más tiempo del que ganaste yendo rápido. En las oposiciones españolas la penalización está escrita en las bases y es dura: cada pulsación errónea descuenta seis pulsaciones. Un ejercicio de diez minutos a 2.700 pulsaciones brutas con treinta errores no da 2.670, da 2.520, es decir 252 netas por minuto. Treinta errores cuestan casi un minuto entero de escritura. Y por encima del 2 por ciento de errores brutos quedas eliminado aunque la velocidad sobre. La consecuencia práctica es sencilla. Escribe al ritmo más alto en el que aciertas casi siempre, y deja que ese ritmo suba solo. Si en una prueba de mecanografía tu precisión baja del 97 por ciento, no estás escribiendo rápido: estás generando trabajo para dentro de diez segundos.

Aprende la fila de reposo española, que no es la inglesa

La fila central del teclado ISO español es a s d f g h j k l ñ, más la tecla de tilde y la ç. El índice izquierdo descansa en la F y el derecho en la J, que llevan un relieve para encontrarlas sin mirar, y los dedos vuelven siempre ahí. La diferencia con el teclado inglés importa más de lo que parece, y está toda en el meñique derecho. Donde un teclado estadounidense pone un punto y coma, el español pone la ñ, que es una letra corriente del idioma. Ese dedo, el más débil de la mano, carga además con la tecla de tilde y con la ç. Si aprendes con material pensado para el teclado inglés, entrenas un meñique que no tendrá que hacer nada y llegas a la ñ sin haberla practicado nunca. Merece la pena dedicar las primeras sesiones sólo a esa esquina: ñ, tilde, ç, y las combinaciones donde aparecen. Palabras como mañana, niños, enseñanza o caña se atascan justo ahí.

Las tildes no son un adorno que se pueda saltar

Alrededor de una de cada diez palabras del castellano lleva tilde o diéresis, y en un ejercicio de transcripción cada una que falte es un carácter divergente. No se pueden dejar para luego. La tilde se escribe con una tecla muerta: pulsas la tecla de acento, no aparece nada, y la vocal siguiente sale acentuada. Es un movimiento de dos tiempos que el resto del teclado no tiene, y el error típico no es olvidar la tilde sino pulsar la vocal antes de que el acento haya cerrado, con lo que salen dos caracteres separados. La diéresis de pingüino o vergüenza añade una capa más, porque exige mayúsculas sobre la misma tecla. Practícalo aislado antes de practicarlo dentro de un texto. Veinte repeticiones de á, é, í, ó y ú, y después palabras completas, resuelven en una semana algo que de otro modo arrastras durante meses.

Deja de mirar el teclado

Mirar las teclas cuesta dos movimientos oculares por palabra y, sobre todo, impide que las manos memoricen las distancias. Mientras los ojos resuelven el problema, los dedos no aprenden a resolverlo. La transición es incómoda y dura poco: entre una y tres semanas de sesiones cortas. Baja la velocidad a la mitad, acepta que al principio irá peor que antes, y no mires ni siquiera cuando te equivoques. Si necesitas ayuda, tapa las manos con un paño en lugar de fiarte de tu fuerza de voluntad. La práctica adaptativa abre teclas nuevas sólo cuando las anteriores salen sin dudar, que es justo la condición que hace falta para no volver a mirar.

Los estancamientos son normales y tienen forma

Casi todo el mundo se atasca en los mismos sitios. El primero llega alrededor de las 40 palabras por minuto, unas 200 pulsaciones, cuando ya no miras el teclado pero todavía piensas letra a letra. Se supera cuando empiezas a teclear sílabas y palabras enteras como un solo gesto. El segundo aparece cerca de las 60 palabras por minuto, unas 300 pulsaciones, y es el que separa a quien escribe bien de quien escribe rápido. Aquí ya no sirve practicar más: sirve practicar lo concreto que falla, que suele ser un puñado de dígrafos y la mano no dominante. El tercero, por encima de las 80, casi nadie lo necesita. Ninguna oposición ni ningún puesto administrativo pide esa velocidad, y perseguirla suele costar precisión. Si te presentas a una convocatoria, tu objetivo no es ser rápido sino ser aburrido: el mismo ritmo, sin picos, durante diez minutos.

Ejercicios que sirven de algo

Repetir textos al azar mejora poco porque reparte el esfuerzo por igual entre lo que ya sabes y lo que no. Lo que funciona es lo dirigido. Trabaja las transiciones que fallas, no las letras sueltas. Los errores casi nunca están en una tecla sino en el paso de una a otra, y en castellano las habituales son ci frente a ic, tr frente a rt, y todo lo que pase por el meñique derecho. Escribe listas de palabras que contengan esa transición hasta que deje de aparecer. Alterna sesiones de precisión, en las que buscas el cien por cien y no te importa el tiempo, con sesiones de ritmo, en las que buscas una velocidad constante y no te importa quedarte por debajo de tu marca. Quince minutos al día rinden más que dos horas el domingo, porque lo que estás construyendo es memoria motora y ésa se consolida entre sesiones, no dentro de una.

Descansa de verdad

La fatiga aparece antes en la precisión que en la velocidad, así que la señal de que hay que parar es que empiezan a salir erratas raras, no que te notes lento. A partir de ahí cada minuto extra enseña a los dedos a equivocarse. Sesiones de quince o veinte minutos con pausas reales entre ellas, y las manos fuera del teclado durante la pausa. Si notas tensión en muñecas o antebrazos, para del todo: una lesión por sobreuso cuesta semanas y no hay oposición que compense eso.

Las condiciones de la prueba cambian el número

Un mismo mecanógrafo puede sacar diez palabras por minuto de diferencia según cómo se mida. Un texto de 30 segundos premia un arranque fuerte que no aguantarías diez minutos. Un texto con muchas mayúsculas, cifras o signos es más lento que uno de prosa corrida. Y un teclado distinto al tuyo cuesta unos días. Por eso conviene medirse en las condiciones de la convocatoria a la que te presentas: la misma duración, un texto de dificultad parecida y, si puedes, el mismo tipo de teclado. Haz tres o cuatro intentos y quédate con el del medio, no con el mejor. El mejor es ruido.

No hay atajos, y los que se venden como tales no lo son

Un teclado mecánico es más agradable y puede reducir algo la fatiga en sesiones largas, pero no aumenta la velocidad por sí mismo. Cambiar a una distribución alternativa como Dvorak o Colemak tiene defensores, aunque implica volver a empezar y te deja sin la ñ y las tildes donde las espera cualquier ordenador que no sea el tuyo, incluido el del examen. Lo único que ha demostrado funcionar es lo de siempre: técnica correcta, práctica dirigida a los fallos concretos, y constancia. Es aburrido y es lo que hay.

Si te presentas a una oposición, mide lo que te van a puntuar

La mayoría de las webs de mecanografía te dan un número de palabras por minuto. Casi ninguna convocatoria española puntúa en palabras: puntúa en pulsaciones netas por minuto, con la penalización de seis por error y el tope del 2 por ciento. Un 45 en palabras no te dice si apruebas. Antes de dedicarle meses, comprueba además si tu cuerpo tiene prueba de mecanografía, porque no todos la tienen y las bases cambian entre convocatorias. Las guías de examen recogen lo que dice cada una y la fecha en que se comprobó, y conviene contrastarlo siempre con tu propia convocatoria antes de fiarte de nadie, incluidos nosotros.

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FAQ

Frequently asked questions

  • ¿Cuánto se tarda en escribir más rápido?

    +

    Con quince minutos diarios se suele notar mejora en dos o tres semanas y un cambio claro en dos o tres meses. Pasar de no mirar el teclado a las 50 palabras por minuto es relativamente rápido; a partir de las 60 los avances son mucho más lentos y vienen de corregir fallos concretos, no de practicar más horas.

  • ¿Es peor el teclado español para escribir rápido?

    +

    No, pero exige entrenar cosas que el inglés no tiene. La ñ, la tilde como tecla muerta y la ç caen todas sobre el meñique derecho, que es el dedo más débil de la mano. Un curso pensado para teclado inglés nunca entrena esa esquina, y es justo donde se atasca casi todo el mundo.

  • ¿Cuántas pulsaciones por minuto piden en una oposición?

    +

    Depende de la convocatoria, y quien te dé una cifra única se la está inventando. Como referencia documentada, el Cuerpo Administrativo de las Cortes Generales exigió 250 pulsaciones netas por minuto durante diez minutos. Otras convocatorias piden más, menos, o directamente no tienen prueba de mecanografía.

  • ¿Importa más la precisión que la velocidad?

    +

    En una oposición española, mucho más. Cada error descuenta seis pulsaciones y superar el 2 por ciento de errores brutos elimina con independencia de lo rápido que hayas ido. El ritmo óptimo es, por tanto, el más alto en el que casi no fallas, y no el más alto que puedes sostener.

  • ¿Ayuda un teclado mecánico?

    +

    Es más cómodo y reduce la fatiga en sesiones largas, lo que indirectamente puede ayudar, pero no te hace más rápido por sí solo. Además conviene practicar con el tipo de teclado que vas a tener delante el día del examen, que rara vez será el tuyo.

  • ¿Cómo salgo de un estancamiento?

    +

    Deja de medir la velocidad durante unos días y busca dónde fallas. Casi siempre son unas pocas transiciones entre teclas y una mano más lenta que la otra. Practica listas de palabras que contengan justo esas transiciones, en sesiones de precisión sin cronómetro, y después vuelve a medir.

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